367 días en París

septiembre 06, 2022

El 2 de septiembre de 2021 llegué a vivir a París sin querer del todo llegar allá. ¿Y eso que como es? Pues le cuento un poco. El que me sigue en redes sociales o ha leído alguno de mis blogs sabe que mi novio es francés y nos conocimos en el 2020 cuando los dos vivíamos en Barcelona. Cuando teníamos 6 meses de relación le hicieron una oferta laboral para un puesto interno, pero localizado en París que tenía que empezar en enero 2021 y en ese momento todo fluyo, el tomo la oportunidad y yo no dije, pero ni esta boca es mía, porque con 6 meses de “estar saliendo” pues no era suficiente para decirle no, no te vayas quédate por mí y tampoco él para decir no lo tomo y me quedo por ti.




 

El tiempo paso y cuando nos fuimos acercando a la fecha de su partida llegó el momento donde teníamos que decidir que hacer y ya la relación estaba bastante más sería. Octave me pregunto si yo estaba dispuesta a mudarme a París con el cuando yo acabara mi maestría. En ese momento mi pensamiento fue ¿y por qué no? No tengo nada que perder, igual tenía que buscar trabajo en Barcelona o allá y adicional podría aprender el idioma asi que le dije que sí. Hicimos 8 meses de relación a distancia entre París y Barcelona (no fue muy grave, misma hora y súper cerca) y pues finalmente me mudaba para septiembre del 2021.

 

En ese momento me daba mucha emoción pensar que iba a vivir en París, ohlala ustedes saben la ciudad del amor y todo aquello, pero la realidad era que yo no estaba lista para dejar Barcelona. Barcelona es una ciudad que me abrazo para nunca soltarme. Esto solo lo entiende alguien que ha vivido en este paraíso. Llegué aquí 10 días antes de la pandemia, viví momentos supercomplejos, pero superfelices y gratificantes a la misma vez. La vida me conecto con personas extraordinarias, amigos, lugares, experiencias que yo no estaba preparada para abandonar y cuando me mudé a París cargué un luto por dejar Barcelona y que adicionalmente se sumaba a una lista de cosas desconocidas:

 

  • No hablaba francés
  • No tenía amigos
  • Primera vez viviendo con una pareja
  • Por lo menos tenía trabajo, pero era mi primera experiencia trabajando fuera de Panamá en una cultura desconocida.

 

Todo el que me conoce sabe que soy una persona muy, pero muy positiva con todo lo que me pasa en la vida, hasta con las cosas malas siempre trato de encontrar lo mejor de cada situación, pero llegué a París un poco predispuesta. Nadie me obligo a ir y yo lo hice porque quería, pero lo cierto es que, si hubiera sido una decisión solamente mía, pues no creo que algún día hubiera imaginado vivir en París.

 

Finalmente llegó el momento y lo que siempre mantuve en mi mente es que yo viviría ahí de manera temporal, porque los dos (octave et mois) teníamos muy claro que París sería momentáneo de 2-3 años y que nuestro happy place es Barcelona, porque el ama Barcelona tanto como yo.

 

El caso es que llegué, me instalé y allí estaba. Los primeros 3 meses fueron como unas largas vacaciones, algo muy cool. Empecé mi trabajo (que era en inglés) que es una empresa con gente internacional, increíble y muy divertida. Empecé a recorrer los barrios y las calles de París y encontraba cosas para hacer y disfrutar. Conecte con más panameñ@s y todo fue bastante bien, no voy a negar que siempre hay una u otra cosa que te incomoda, pero en general las cosas iban viento en popa.

 

Después llegó mi cumpleaños, navidad, año nuevo y enero 2022 viajé a Panamá y me recargué de energías con ver y pasar tiempo con mis amigos y familia. En marzo falleció mi abuelito y de ahí todo vino en caída.

 

Casi a los 6-7 meses de ya estar viviendo en París entré en una crisis existencial:

 

  • que no me gustaba París
  • que los días eran muy oscuros, fríos y siempre llovía
  • no me sentía independiente, por no saber francés dependía de Octave para muchas cosas, principalmente trámites.
  • que no tenía amigos (yo que donde llego hablo y hago amigos, Paris does not work that way)
  • que no me podía comunicar (ya estaba exagerando todo)
  • no tenía el número de seguridad social ni la famosa Carte Vitale (los que saben me entenderán y los que no pues si no tienes estas dos cosas no eres nadie en Francia) en Francia todo demora mucho y hay mucha burocracia.

 

En fin, estaba en un momento donde veía mil problemas, lloraba porque sí, iba caminando por ahí y lloraba, esto sumándole un duelo de haber perdido a un familiar muy cercano, estaba en caos, colapsando. Cuando le conté a Octave como me sentía y lo que estaba pasando, jamás se me va a olvidar, que me dijo: “no te preocupes, no nos tenemos que quedar, siempre podemos irnos, renunciar y allá algo encontraremos, nos vamos a Barcelona” (debe estar bravo si lee esto porque él es superreservado) pero eso me confirmó una vez más que yo estaba caminando en esta vida al lado de la persona correcta, él.

 

Y con toda esa respuesta yo dije, no, no vamos, calma, solo estoy pasando por un momento en donde todo se me combino yo no me quiero ir (la autoexigencia hablando por mí). Aunque da risa ahora que lo pienso, en ese momento yo estaba negada a irme así por así de París, porque eso para mí significaba un fracaso. ¿Cómo así que me quiero ir porque no aguanto el trote en esta ciudad? No, esa no soy yo, yo no funciono ni opero de esta manera, no me voy a dejar.

 

Y ahí fue el momento en donde primero la vida me puso a una persona increíble en el camino: AUXI, fuiste mi luz muchas veces cuando estaba a oscuras y agradezco tanto el haberte conocido y eres una hermana para mí. Y segundo, a pesar de que siempre he estado muy dependiente de trabajar en mi salud mental y ponerle atención, yo nunca había hecho terapia y contacté con una psicóloga panameña y empecé a hacer terapias online y esto me terminó de mantener a flote.

 

Poco a poco todo se fue alineando, hacía terapia cada semana, llegó la primavera, París empezó a florecer y yo empecé a florecer con ella. El clima mejoró, ya tenía más amigos, ya podía sobrevivir con mi francés y poco a poco las cosas empezar a tomar su rumbo y ya me sentía plena, finalmente sentía que me había adaptado a París y que estaba preparada para continuar por un tiempo más en esta ciudad. Pero cuando uno menos se lo espera la vida te sorprende sin avisar.

 

Nuestro plan de regresar a Barcelona en los próximos 2-3 años se había adelantado y teníamos una vez más esa chance de regresar a la ciudad que tanto amamos. Octave tuvo una nueva oportunidad que llegó antes de lo esperado y sin pensarlo dijimos, vamos a ver que pasa, si sale o no sale. Volver hacerme idea de empezar de nuevo que a pesar de que era en Barcelona, cambios son cambios. Tuvimos algunas semanas esperando a ver si si o si no y finalmente 3 meses después de aquella noticia, aquí estamos mudados en Barcelona, durmiendo en un colchón en el suelo, pero desbordados en felicidad.

 

Ahora no sabemos que viene, pero ya tenemos dos cosas a nuestro favor: estamos juntos y estamos en un lugar que adoramos. La razón principal por la que decidí abrirme, ser vulnerable y contar mi proceso es porque quiero que sepas que si tú estás pasando por una situación similar en donde te estás mudando, o llegando a un lugar nuevo e inesperado, quiero que sepas que es válido sentir que uno no pertenece, que no encaja y que el día a día nos cuesta. Es normal tener días tristes, solos, aburridos, que no sabes que hacer, pero ten fe en que todo pasa y que encontraras tu lugar.

 

Aprendí a dedicarme tiempo, a comer a solas, a salir a caminar y perderme, a llenarme de actividades, probar cosas nuevas y de buscar retos cada día. No es fácil, pero no es imposible, todo es un proceso. Y este proceso de adaptación a una nueva vida, toma tiempo.

 

El que ha vivido en París sabe que no es una ciudad nada fácil para adaptarse. Todos sabemos la fama que tienen los franceses, por carácter, que son fríos, que son cerrados, que no son welcoming, etc. Es todo un reto vivir en esta ciudad, no lo voy a negar, pero yo solo me llevo cosas bonitas de estos 367 días que ahí viví.

 

París me enseño tanto que si me volvieran a preguntar si me volvería a mudar, diría que sí y si algún día tengo que regresar, regresaría con gusto París es una ciudad mágica, es una ciudad REAL (así como de realeza) en donde tú caminas en estas avenidas llenas de edificios lujosos, con cúpulas de vidrio, con puentes espectacular, con miles de jardines llenos de flores y que cada día hay cada cosa para descubrir que es imposible no enamorarse de ese vibe.

 

Otra cosa que me queda muy claro después de este recorrido es que el ser resiliente y adaptarse a las situaciones a tu ritmo te ayudara mucho. No te compares con otras personas porque cada uno vive de una manera distinta y todas las situaciones son diferentes, pero la paciencia y ser perseverante le llevara lejos. A veces nos desesperamos porque queremos todo para YA (y créanme yo soy una de esas personas intensas) pero la verdad es que hay que darle tiempo y espacio para que todo se acomode. Sobre todo, hard work, pays off, todo el sacrificio que tuve que hacer de salir de mi zona de confort para una ciudad que no conocía ahora tiene su recompensa. Una vez alguien me dijo “tú si tienes suerte” y no, yo no tengo suerte, soy quien soy y estoy donde estoy gracias a las metas que me he propuesto a alcanzar y no todo ha sido tan fácil como parece. Lo que si les puedo asegurar es que la ley de atracción existe y no es que lo piensas y pasa automáticamente como arte de magia, es que lo piensas, lo visualizas, haces tu plan y poco a poco va sucediendo.

 

Recuerda que puede ser posible que sufras, llores, te desesperes, no encuentres salida, te desmorones, pero al final todo tiene un propósito.

 

Espero que mi escrito te ayude de alguna manera si estás pasando por la situación que yo pasé y si tienes alguna pregunta sobre el proceso y duelo migratorio, no dudes en buscar ayuda, pregunta o pregúntame, que te puedo guiar. Que no se nos olvide que somos inmigrantes, algunos por decisión otros por necesidad y seguimos en este camino de sentirnos en casa, fuera de casa.



Un abrazo,

Gaby en Paris Barcelona

Un paso a la vez
Un paso a la vez

Mujer Panameña, viajera empedernida, amante del buen comer.

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